Luciano no era alguien que mostrara fácilmente sus sentimientos, pues lo consideraba una señal de debilidad o, al menos, eso era lo que le habían enseñado y casi, casi grabado con sangre en la mente. Por lo que, verlo llorar no era una opción, era más bien, un privilegio.
Teresa quería irse, pero al ver aquella pequeña interacción, decidió quedarse a escuchar por un rato más. Sus oídos se llenaron de aquellas notas tristes que Luciano no paraba de tocar.
Todo aquello sucedía mientras su hija per