Luciano ya había sentido la presencia de Teresa, se incomodó un poco, pero no dejó que aquello le robara el momento que compartía con su hija.
- ¿Podrías dejar de llorar…? -dijo Luciano con voz firme. —Se supone que uso esta nota para calmar a mi hija, no para hacerla llorar…
- Se… Señor… -dijo Teresa avergonzada al verse descubierta.
Luciano giró la cabeza y sus fríos ojos se clavaron en ella, aquello no la incomodó, pero ya se había acostumbrado a esa mirada.
Por primera vez en mucho tiempo, n