En la mansión de la familia Legrand el ambiente era festivo y eso era algo raro, puesto que el señor Legrand nunca se había casado; ahora, su hijo, de sorpresa, había decidido unir su vida a la de una simple jovencita que, para su mala suerte, se le metió en la cama y salió embarazada.
Al menos eso era lo que se rumoraba en los pasillos, pero que abiertamente no se declaraba.
Mientras el personal de servicio iba y venía con los últimos arreglos, Massimo y Pierre tenían una charla incómoda, pues el primero no se encontraba nada de acuerdo con lo que estaba sucediendo.
- Massimo, ¿por qué quieres hablar del tema de Paolo en este día? -preguntó Pierre un tanto impaciente.
- Legrand, ¿acaso no puedes ver con claridad? ¿Acaso le crees a Paolo? -preguntó Massimo sorprendido y, sobre todo, molesto.
- Paolo se ha mostrado muy interesado en Vania estos días, ¿por qué debería pensar que hay algo malo en eso?
- Legrand, conozco a Paolo y, si yo fuese tú, no le creería ni una sola palabra. -dijo M