En la mansión de la familia Legrand el ambiente era festivo y eso era algo raro, puesto que el señor Legrand nunca se había casado; ahora, su hijo, de sorpresa, había decidido unir su vida a la de una simple jovencita que, para su mala suerte, se le metió en la cama y salió embarazada.
Al menos eso era lo que se rumoraba en los pasillos, pero que abiertamente no se declaraba.
Mientras el personal de servicio iba y venía con los últimos arreglos, Massimo y Pierre tenían una charla incómoda, pues