- ¿Qué piezas sobre Paolo? -preguntó Massimo no entendiendo bien cuál sería la decisión del hombre.
- Aceptaré tu decisión, no pienso meter las manos por Paolo. Vamos a ir por el camino que tú has elegido… -dijo Pierre dándose cuenta de que, de no hacer algo, su hijo bien podría acabar mal.
- Bien…
Laura llego a donde estaba el par de afligidos padres, al entrar fue testigo de una escena tan surreal. Su padre, parecía todo un jefe de la mafia italiana y Pierre, parecía todo un aristócrata estirado, definitivamente ambos eran como agua y aceite, pero, aun así, habían encontrado una manera de convivir.
No sabía que le esperaba a su hermano, pero algo era seguro, debían tomar cartas en el asunto y debían hacerlo rápido.
- Ya regresé papá… -dijo Laura acercándose a Massimo, luego se acercó a Pierre y lo saludo con cortesía.
- ¿Qué te dijo? -dijo Massimo preocupado por el semblante de su dulce hija.
- Hmm… Digamos que, él cree que estamos siendo injustos, cree que le estamos dando toda la r