La mañana llegó con un sol inclemente que se colaba por las persianas de la villa, dibujando líneas doradas sobre las sábanas revueltas donde Daniela había pasado la noche dando vueltas.
El olor a café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con ese aroma a limpieza y lujo que impregnaba cada rincón del lugar.
Los rayos de sol iluminaban motas de polvo que danzaban en el aire, revelando el desorden de la noche anterior: vasos de cristal con restos de alcohol, prendas de ropa esparcidas y la