El humo de los puros se enroscaba entre las estanterías de madera oscura de la oficina de Dimitri en Moscú. Alexander mantenía la espalda recta frente al imponente escritorio de caoba, mientras los dedos enguantados de Dimitri golpeteaban el cristal de vodka sin probar, haciendo un sonido metódico que marcaba el ritmo de la tensión en la habitación.
—¿Estás seguro de esta decisión, Alexander? —preguntó Dimitri, el acento cargado de una amenaza velada mientras sus ojos azules escrutaban cada m