Alexander, reclinado en el sofá del apartamento de Daniela con su traje impecablemente arrugado después de tantas noches en el hospital, observaba cómo ella ordenaba medicamentos que habian sobrado sobre la mesa.
—Necesitamos alejarnos de todo esto —dijo de pronto, rompiendo el silencio—. Un fin de semana en Cancún. Sol, playa y cero dramas.
Daniela dejó caer los blísteres de pastillas con un clic metálico.
—¿Estás bromeando? Con mi madre recién salida del hospital y Roberto acechando com