—¿Sabes lo irónico? —murmuró Isabella, mientras sostenía una taza de café frío entre las manos temblorosas—. Cuando todo empezó, pensé que lo más difícil sería aceptar que mi padre estaba enfermo. Pero no. Lo más difícil ha sido aceptar que no puedo con todo sola.
Alex no respondió de inmediato. La miraba desde el otro lado del sofá, con la chaqueta aún puesta y los ojos llenos de cansancio acumulado. A pesar del largo vuelo, de los cambios de horario y de los silencios incómodos, no se había a