El balcón estaba bañado por la luz dorada de la luna, reflejada en la superficie tranquila de la piscina. Isabella apoyó la cabeza en el hombro de Alex, escuchando el compás pausado de su respiración. No había correos que responder, llamadas que atender ni enemigos a la vuelta de la esquina. Por primera vez en mucho tiempo, solo estaban ellos dos.
—¿Lo sientes? —preguntó Alex con voz suave—. Es paz. Y por una vez, creo que la merecemos.
Isabella asintió, sin necesidad de palabras. Habían sobrev