Celeste observó desde su auto estacionado frente al penthouse. Recordaba la imagen de Isabella abrazando a Alex bajo la tenue luz de la terraza era más de lo que podía soportar. Apretó el volante con fuerza. El cristal se empañaba con su respiración agitada.
—¿Así de fácil? ¿Así de rápido vuelves a ella… después de todo lo que hemos vivido? —murmuró con voz temblorosa.
Quiso arrancar el auto, desaparecer, pero no pudo. Su orgullo, su rabia, su obsesión no se lo permitían. Ella no era una mujer