Celeste bajó su copa con fuerza sobre la mesa al ver que los minutos pasaban y… nada. No había noticieros mostrando con su “bomba”, ni redes sociales incendiadas, ni siquiera un mísero tuit replicando la información que había filtrado. Entró en los portales de noticias, uno por uno, actualizándolos compulsivamente y. O encontró nada.
—¿Qué rayos está pasando…? —susurró.
Revisó los correos de confirmación. Todos estaban allí. Las direcciones eran correctas. Todo había sido enviado. ¿Entonces qué