Aiden llevaba semanas dándole vueltas a la idea. No era algo que apareciera de golpe; era más bien como una canción pegajosa que empieza bajito y termina sonando en tu cabeza a todas horas.
Pensaba en Charlotte cuando estaba solo y cuando estaba con Andrea. Pero también cuando el silencio se volvía demasiado ruidoso. Pensaba en su risa, en su forma de mirarlo como si él fuera lo único real en un mundo lleno de apariencias. Hasta llegó el momento en el que, sin darse cuenta, la decisión empezó a