Charlotte apoyó la mano sobre su pecho, sintiendo su corazón latir con una fuerza que no conocía. No era ansiedad: era determinación. —Confía en mí —susurró—. Así como yo confío en lo que va a crecer aquí.
Aiden sostuvo su mirada un segundo más de lo prudente. No respondió, pero algo en su expresión delataba que había escuchado más de lo que quería admitir. Luego se marchó, llevándose consigo ese eco que no se apaga con una ducha ni con distancia.
Saliendo del hotel, el aire de la tarde le dio