Aiden sintió un escalofrío recorrer su vientre al verla. La luz de esa tarde, filtrándose a través de las cortinas, sobre su piel desnuda, resaltando cada curva, cada sombra. Su cuerpo, antes oculto, ahora se revelaba en toda su gloria, una invitación silenciosa que Aiden no podía ignorar.
Charlotte, con una sonrisa enigmática, se movió con gracia, sus ojos fijos en los de él. La distancia entre ellos se acortó, cada paso un latido en el pecho de Aiden. La erección, que había cesado momentáneam