Cuando Monique estacionó su auto en el estacionamiento de la iglesia donde los tres solían asistir a misa, apagó el motor. Alcanzó el bolso que descansaba en el asiento del pasajero y luego salió del auto. Caminó hacia el asiento trasero y abrió la puerta.
Ayudó a los gemelos a desabrocharse los cinturones de seguridad.
—Vamos, ustedes dos —les dijo. Señaló a Mason para que saliera primero, ya que estaba sentado en el lado—. Quédate al lado, Mason —instruyó Monique mientras lo ayudaba a bajar d