Monique se apresuró a secar las lágrimas que se habían deslizado por sus mejillas justo cuando la puerta de su habitación se abrió y su hija Maxine entró.
—¿Mami? —dijo Maxine, mirándola con atención.
Monique se mordió el labio inferior por un instante. Se aclaró la garganta para deshacer el nudo que sentía y respondió: —¿S-sí?
En lugar de contestar, Maxine se acercó a ella y la abrazó. Monique no pudo evitar conmoverse. Intentó con todas sus fuerzas contener las lágrimas, pero siguieron acumul