MILA
El día comienza a asomarse detrás de la ventanilla.
Un hilo de luz azul, frío, cortante.
Sobrevolamos el océano, pero los pasajeros duermen, envueltos en sus mantas grises.
El silencio es casi tranquilizador.
Casi.
Yo, no puedo cerrar un ojo.
Reviso sus palabras.
Sus manos.
Esa promesa en su mirada: "Entonces no me iré."
Pero no hizo nada.
Podría haberme besado. Podría haberlo arruinado todo o haberlo puesto en su lugar.
Eligió... la espera.
Y eso me vuelve loca.
— Mila, ¿puedes ayudarme c