Capítulo 8 – Confesiones en la penumbra
La noche había caído silenciosa sobre el convento. Los pasillos estaban sumidos en penumbra, iluminados como solo apenas por el parpadeo de algunas velas que resistían el soplo del viento que se colaba por las rendijas de piedra en esa noche tan oscura. Las hermanas dormían en sus respectivas celdas, y Anastasia, después de rezar al pie de su cama, se dispuso a cambiarse.
El hábito cayó con suavidad sobre la silla, revelando el camisón blanco de lino que