Capítulo 80 — El perdón entre hermanos
Cuatro horas habían pasado. Anastasia las contó sin reloj, sin teléfono, sin noción real del tiempo a su alrededor. Las contó por los latidos desordenados de su corazón, por el frío que le subía desde los pies y por la imagen de Mikhail que no dejaba de repetirse en su cabeza como una condena.
Mikhail en el suelo, la sangre y su mano aferrándose a la de ella con una fuerza desesperada, como si soltarla fuera morir más rápido.
La sala de espera estaba en si