Capítulo 5 – Susurros en la celdaLa fiebre había consumido al desconocido durante días. Su cuerpo, fuerte, pero malherido, se debatía entre la vida y la muerte bajo el cuidado incansable de las monjas. Nadie preguntaba su nombre, nadie se atrevía a cuestionar qué había hecho para terminar allí. Dios, decían, mandaba pruebas misteriosas, y aquel hombre era una de ellas. Sin embargo, para Anastasia Volkova aquello no era solo una prueba, era un tormento.Durante una semana había sido designada entre las responsables de atenderlo: cambiar los paños ensangrentados, limpiar la herida, controlar la fiebre y lo hacía con el rigor. Aprendido en años de disciplina… pero cada contacto, cada roce de su piel caliente, le encendía una batalla interna que no podía dominar.Era extraño: un hombre que no pronunciaba palabra, que dormía entre delirios, ya había logrado poner en jaque todo lo que ella había creído inquebrantable o al menos a eso se había resignado.Esa noche, el silencio en el convent
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