Capítulo 84 — Promesas bajo la misma sangre
Esa mañana la casa respiraba distinto. No era el silencio tenso de los días de guerra, ni el murmullo vigilante de las estrategias. Era otra cosa. Algo más ligero… casi humano. Como si, por primera vez en mucho tiempo, la vida se hubiera atrevido a entrar sin pedir permiso.
Anastasia lo sintió desde que abrió los ojos y se estiró sobre la cama. Odessa dormía a su lado, pequeña, tibia, con ese gesto sereno que parecía burlarse del caos que había rodead