Capítulo 9 – El cuerpo traiciona al alma
El atardecer se asomaba entre los muros y reinaba en el convento. Las campanas habían marcado la última hora y, mientras las demás hermanas se preparan para descansar, Anastasia cumplía con su turno en la capilla del ala este. El aire estaba impregnado con el olor del incienso apagado y la cera derretida. Las llamas de las velas parpadeaban sobre las imágenes de santos y vírgenes, proyectando sombras danzantes en las paredes de piedra.
Ella se movía con