YELENA
Llegué a casa y me llevé una sorpresa.
¿A quién veía?
¿No era Marie?
Parpadeé dos veces para asegurarme de que no me lo imaginaba. Estaba de verdad en casa.
Una sonrisa se dibujó en mis labios antes de que me diera cuenta. Cerré la puerta del salón con cuidado, intentando no hacer ruido, como si pudiera asustarla. Debería prepararle algo. Debería hacerla sentir cómoda.
Me sacudí el polvo del uniforme de enfermera y me acerqué a ella. Estaba sentada a la mesa del comedor, de espaldas a mí