YELENA
En cuanto llegamos a casa y retomamos el trabajo tras la suspensión, no perdí el tiempo. Fui directamente al despacho del director a firmar el maldito contrato. Quería que estuviera listo. No quería que Tristan tuviera nada más que tergiversar o decir sobre mí. Él era mi pasado. Y ahí se quedaría.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —preguntó el director, bajando las gafas como si no pudiera verme bien.
No respondí. Si lo hubiera hecho, habría empezado con sus bromas y comentarios sarcásti