YELENA
Dejé caer la fregona con una leve sonrisa, lista para abrazarlo, pero él me detuvo suavemente.
—Primero limpia. Necesito ducharme —dijo con voz cortante y grave, con el rostro más oscuro que nunca. Se dio la vuelta sin decir una palabra más, y su hermana lo siguió como una sombra.
Me quedé paralizada un instante, el rechazo me dolió, y luego asentí rápidamente aunque ya se había ido. —De acuerdo —susurré para mí misma, intentando contener la sonrisa mientras volvía a ocuparme del desorde