YELENA
Livia se apresuró a defenderse: «No, señora Crossword… no pasó nada de eso. Estaba hablando sin saber nada. Volví cuando me dio la gana».
«No me dirigía a usted», la voz de la señora Crossword interrumpió sus palabras. «Me dirigía a mi hija».
Apenas alzó la voz, pero el golpe fue duro.
El silencio que siguió fue tenso. Por un instante, muy breve, sonreí. Juro que la forma en que los ojos de Livia se abrieron como si la hubiera abofeteado la luna fue impagable. Pero la sonrisa se desvanec