Siempre creí que la vida tranquila en nuestra nueva casa duraría muchisimo. Pero la realidad fué otra. duró exactamente… cero segundos.
Esa mañana me levanté con un plan muy simple: café, revisar un par de correos, consentir a Alice, abrazar a Richard y respirar un poco la paz que tanto habíamos buscado.
Pero, por supuesto, nada en mi vida ocurre así de fácil.
Lo primero que noté al abrir los ojos fue un pequeño pie plantado en mi costilla.
Richard.
Dormido boca abajo, abrazado a mi almohada co