La casa estaba en silencio cuando cerré la puerta detrás de la última visita. El eco suave de las voces de Elena, David, Claire y Marcos todavía flotaba entre las paredes nuevas, como si la casa misma intentara acostumbrarse a la vida que ahora le traíamos. Fue una noche cálida, familiar; de esas que te recuerdan que, por fin, estás construyendo algo que tiene dirección, sentido… propósito.
Pero también dejaba una presión latente, una sombra de responsabilidades que apenas empezaban a mostrarse