El avión aterrizó en Boston más rápido de lo que mi ansiedad me permitía procesar. Tenía a Richard dormido en mis brazos, abrazado al peluche que Alice le compró hace cuando lo trajimos a casa. quince días sin verla habían sido una tortura, pero quince días sin que Richard la viera… eso era otra cosa. Ese bebé estaba más enamorado de ella que yo mismo, y eso es decir bastante.
Cuando llegamos a su casa, Richard empezó a balbucear apenas vio la puerta.
—Ya sé, ya sé… ya vamos con mamá —le susurr