Cuando el auto donde venia mi padre entró por la larga entrada de cipreses, sentí un nudo que se me cerró en la garganta. No era solo la tensión del día, ni la cercanía del peligro… era la sensación de que todo, absolutamente todo, estaba regresando a su punto de origen.
Ethan estaba de pie a mi lado, con el ceño fruncido y las manos entrelazadas. La mansión de Anne tenía ese aire solemne, como si supiera que esa noche se iban a desenterrar los secretos que marcaron dos generaciones.
La puerta