Nunca había sentido el silencio tan pesado como en el auto de Anne camino a su mansión. Los faroles pasaban a los lados como destellos fantasmales, y Ethan sostenía mi mano con una fuerza suave pero desesperada. Ambos sabíamos que, después de todo lo que había salido a la luz, nada volvería a ser igual… pero tampoco imaginábamos la magnitud de lo que Anne estaba a punto de contarnos.
—Tu padre, David, y Elena ya están en camino —dijo Anne mientras el auto avanzaba por la entrada bordeada de cip