Nunca olvidaré el sonido.
Ese grito desgarrado que rompió la paz artificial de la mansión de Anne, vibrando contra los ventanales como un animal herido buscando sangre.
—¡RICHARD! ¡DÓNDE ESTÁS! —la voz de Isabelle retumbó como un trueno histérico.
Salté del sofá antes de que alguien pudiera reaccionar. Alice se levantó a la vez, los ojos abiertos de puro terror.
—Ethan… ¿qué pasa?
Mi corazón se me encogió. No quería que viera a Isabelle así. No quería que sintiera ni un centímetro más de miedo