Cuando mis ojos abren, la luz del hospital me corta como una verdad que no se puede ignorar. Blanca, intensa, casi cruel. La siento filtrarse entre mis pestañas como si quisiera obligarme a ver mi realidad sin anestesia, sin posibilidad de escape. Oigo un pitido constante, rítmico, como el eco metálico de un corazón que se aferra a la vida.
Mi vida. La vida de mi bebé.
Quiero moverme, pero mi cuerpo pesa como plomo húmedo. Siento mis labios resecos, mi garganta arde como si hubiera tragado aren