El teléfono aún sonaba en mi oído cuando crucé la puerta principal sin entender nada, sin sentir nada. Solo recuerdo el golpe seco del portazo detrás de mí y mi respiración descompasada, brutal, como si mis pulmones hubieran olvidado cómo hacer su trabajo.
—Hospital… —escuché a mi madre gritar detrás de mí— ¡Ethan, ve por tu esposa!
Esa frase me atravesó como un puñal. Mi esposa. Mi Alice.
solo anoche me había dicho te amo con una sonrisa tan tranquila que parecía eterna y ahora corría por ell