El sonido de la puerta abriéndose con la llave de repuesto quebró el silencio espeso del estudio.
Estaba sentado en la alfombra, con la espalda encorvada, y el rostro hundido entre mis rodillas. en mi mano derecha sostenía una botella de whisky casi por la mitad, la otra temblaba sobre la alfombra como si buscara algo a qué aferrarme. No lloraba en silencio: mi respiración era un quejido roto, como el de alguien que intenta no ahogarse en su propio dolor.
—Ethan… —la voz de mi madre se quebr