El calendario marcaba quince días para la boda, y aunque Claire caminaba por la casa con una carpeta llena de proveedores, flores y diseños, yo sentía que mi cuerpo se me escapaba entre los dedos. Como si cada paso fuera un pequeño acto de resistencia contra algo que me respiraba muy cerca, algo que ya conocía pero negaba, como si ignorándolo pudiera hacerlo desaparecer.
—Alice, ¿te sientes bien? —preguntó Claire mientras revisaba muestras de manteles que había traído una decoradora.
Me obligué