Amy:
—Amy, abre la puerta. ¡Ahora mismo!
No respondo. Me tiemblan tanto las manos que me equivoco al escribir la contraseña y tengo que hacerlo de nuevo.
—¡Amye! —grita , sin dejar de golpear la puerta—. ¡Abre la puta puerta antes de que la eche abajo!
Consigo entrar en Gmail. Me martillea el corazón mientras busco el último correo de Marco.
La puerta tiembla al recibir una fuerte patada.
Las náuseas son cada vez más intensas y se me acelera el pulso cuando encuentro el correo.
Más patadas con