Al día siguiente, el doctor revisó los últimos exámenes de Doña Victoria y finalmente le dio el alta. Leonardo y Don Mario la ayudaron a salir del hospital y la acompañaron hasta la mansión Montiel. Después de asegurarse de que su madre estuviera cómoda en casa, Leonardo se despidió.
—Mamá, me voy a la oficina un rato. Cualquier cosa, llámame de inmediato.
—No te preocupes, hijo. Aquí estaré descansando —respondió Doña Victoria con una sonrisa—. Y, por favor, llama a Isabella cuando tengas tiem