El interior de la ambulancia vibraba con el traqueteo del asfalto mientras las luces rojas y azules parpadeaban en el exterior como un corazón desbocado. Isabella estaba sentada junto a la camilla, con las manos aferradas a las de Leonardo, que yacía inconsciente, el rostro amoratado por los golpes y una herida profunda aún sangrante en el costado izquierdo.
—Resiste, amor... —Susurraba ella, con lágrimas cayéndole sin control—. No me dejes, no ahora. Leonardo, te necesito. Tú me enseñaste a am