Leonardo suspir profundamente antes de apartarse de Isabella. Había confesado lo que sentía, había expuesto su corazón, pero aún quedaba una verdad difícil de enfrentar.
Se dejó caer sobre una silla en el balcón, apoyando los codos en sus rodillas, con la mirada perdida en el horizonte. El peso de la noche y del alcohol seguían sobre sus hombros.
Levantó la vista hacia Isabella, quien aún estaba de pie, inmóvil, procesando cada palabra. Sin pensarlo mucho, tomó su mano con suavidad y la atrajo