Leonardo salió del oscuro almacén donde había interrogado al infiltrado. Su mente estaba llena de pensamientos turbulentos. Tenía que hablar con su padre de inmediato. Santamaría estaba jugando con fuego, y él no iba a permitir que lo destruyera.
Mientras caminaba hacia su auto, sintió su teléfono vibrar en su bolsillo. Miró la pantalla: Valeria.
Apretó los dientes con fastidio antes de contestar.
—¿Qué sucede, Valeria? —preguntó con voz impaciente.
—Amor, ¿por qué no contestas mis llamadas? —s