El día siguiente transcurrió con normalidad hasta que Leonardo llegó a su empresa. Apenas puso un pie en su oficina, su expresión cambió a una de absoluta seriedad. Tomó asiento y de inmediato llamó a uno de sus hombres de confianza.
Minutos después, un hombre robusto y vestido de traje oscuro entró a la oficina y cerró la puerta tras de sí.
—Señor, ya logramos atrapar a uno de los infiltrados que sacaban información de la empresa. Lo tenemos retenido en un lugar seguro.
Leonardo entrecerró los