Doña Victoria observaba la escena con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Desde el primer día, había visto algo especial en Isabella, y ahora, viendo a su hijo besarla con tanta intensidad, supo que su intuición no había fallado.
—Te lo dije, Mario —susurró, sin apartar la vista de la pareja—. Solo necesitaban un empujón.
Don Mario, con los brazos cruzados, esbozó una leve sonrisa.
—Sí, pero ahora el problema será Leonardo. Sabes tan bien como yo que todavía está enredado con Valeria.
Vic