Al día siguiente, Isabella se despertó muy temprano para ir a la empresa.
—Buenos días, Nana, ¿cómo amaneciste? —Con una sonrisa muy calida.
—Bien, mi niña, y ¿tú cómo te sientes hoy? —respondió ella con ternura.
—Me siento mejor, Nana. —Tomando su taza de café—, te quedó muy rico el desayuno, Nana.
—Me alegra que te haya gustado, mi niña —le dice la nana con una sonrisa cálida—. Que tengas un buen día en la oficina.
Isabella asiente y toma su bolso, saliendo hacia la oficina. Al llegar, se aco