La sala de espera del hospital estaba sumida en un silencio tenso, apenas interrumpido por los pasos nerviosos de Isabella, que caminaba de un lado a otro sin poder quedarse quieta. Sus manos se entrelazaban, se soltaban, volvían a buscarse. Sus ojos, cargados de angustia, no dejaban de mirar hacia la puerta de quirófano, como si con solo desearlo pudiera ver a través de ella.
Victoria, sentada en un rincón, rezaba en silencio, con las manos unidas y los labios murmurando plegarias que solo ell