Llegué a casa con el cuerpo cansado y la mente dando mil vueltas. En cuanto empujé la puerta del salón, me encontré con Alessandro tirado en el sofá. Llevaba una camiseta negra, un pantalón de chándal y tenía un aire... abatido. Apoyaba la cabeza en la mano y tenía los ojos medio cerrados, como si intentara mantener la atención en algo de la tele, pero sin conseguirlo.
Levantó la mirada un segundo al oír la puerta. Nuestros ojos se cruzaron, pero yo no dije nada. Seguí andando, directa hacia la