(Alessandro)
Llegué a la fiesta ya arrepentido de haber salido de casa.
Era un mar de gente, luces parpadeando, música a todo volumen. Afuera, un grupo de paparazzi, y solo de ver las cámaras apuntando hacia mí ya me dieron ganas de dar media vuelta. Suspirá, me ajusté el cuello de la chaqueta y entré.
El sitio estaba lleno.
La gente apretada, vasos en la mano, risas altas y ese olor a bebida mezclado con perfumes baratos y caros.
No tardé en ver a Otávio, reclinado en la barra con un vaso de w