(Alessandro)
Pero ella alzó una ceja.
— No es nada de eso que estás pensando. Solo quiero hacer un curita en esa herida tuya. Te ves terrible.
Automáticamente llevé los dedos al lateral de mi boca. Me dolía desde ese puñetazo del desgraciado, pero ni me había dado cuenta de que estaba abierta.
— Ah… sí. Claro, el curita. —tragué seco, riendo levemente—. Lo necesito de verdad.
Obvio que acepté. Cualquier excusa para estar cerca de ella, la agarraba.
Subimos en silencio. Su respiración era calmad