Llegamos a la arena con las luces estallando por todas partes. El sonido de las conversaciones, las risas y los gritos ya me llenaba el cuerpo de esa buena adrenalina. Había gente por todos lados, el ambiente vibrante, ligero… y yo allí, permitiéndome salir de mi burbuja por una noche.
Cathe tiró de mi brazo.
—¡Vamos a por una bebida, ¿no? Quiero verte suelta hoy!
Reímos y caminamos hasta una de las barras. Pedimos dos copas de gin-tonic y seguimos buscando un sitio. Encontramos un punto perfec