(Alessandro)
Arranqué aquella maldita bata de hospital de un tirón brusco. La herida seguía doliendo, claro, pero no era nada comparado con lo que ardía dentro de mí. A cada segundo, la idea de que Larissa estuviera en peligro me consumía.
Todos decían que me quedara, que aún no tenía el alta, pero que se jodan todos. Nadie iba a retenerme aquí mientras ella estaba quién sabe dónde.
—Señor Alessandro, por favor, tiene que descansar… —intentó decir una enfermera, pero la ignoré.
Catherine estaba